Sobre los sentidos de la educación para las personas privadas de libertad. Un análisis desde el Programa Universitario en la Cárcel
Alicia Acin
Introducción.
A través de esta ponencia nos proponemos reflexionar sobre el valor que diferentes actores -alumnos presos y personal profesional y del Area Educación del Servicio Penitenciario- le adjudican a la educación en contextos de reclusión.
La misma es producto de conjeturas elaboradas durante varios años de acompañamiento al Programa Universitario en la Cárcel [1], enriquecidas por algunos resultados iniciales del proyecto de investigación “Las motivaciones de los alumnos privados de libertad en las estrategias educativas del PUC” [2]
Las conjeturas aludidas se relacionan con ciertos atributos que, con frecuencia, se les asigna a las prácticas educativas en cárceles: el carácter de “humanización” -en contraposición a la despersonalización y degradación de la condición humana que generan las instituciones totales- (Siccardi, 2004), como así también de “espacios de libertad”, aún en el contexto de encierro y privación de la libertad que éstas suponen.
La mencionada investigación se propuso indagar sobre los sentidos que adquiere la educación para los sujetos privados de libertad, las motivaciones para el ingreso y la permanencia en los estudios superiores o actividades de extensión, las trayectorias educativas de los alumnos y su incidencia en las motivaciones al aprendizaje y las satisfacciones que encuentran en este proceso.
Metodológicamente se trabajó en base a entrevistas semiestructuradas, aplicadas a una muestra intencional de alumnos inscriptos en carreras de grado y en actividades de extensión, previa revisión de documentación institucional (actas de la Comisión Mixta de apoyo al PUC, registros del taller espacio universitario, registros de jornadas con estudiantes del año 2004y memorias anuales del PUC) que aportó información complementaria de interés.
Recuperamos también los comentarios, aclaraciones y precisiones que surgieron en dos jornadas de devolución realizadas con alumnos y con personal del Area Educación y profesionales del Servicio Penitenciario, respectivamente, que permitieron comprender más acabadamente lo planteado en las entrevistas.
La presentación se organiza en tres apartados: algunas referencias a la normativa legal sobre la educación en cárceles, la significación atribuida a la educación por los dos actores mencionados y unos breves párrafos finales de reflexión sobre los supuestos de humanización y de espacios de libertad que se les confiere a las prácticas educativas en contextos de reclusión.
Acerca de la educación en cárceles.
La educación en cárceles encuentra su basamento legal en un conjunto de instrumentos legales internacionales sobre Derechos Humanos que intentan garantizar mejores condiciones de detención a las personas privadas de libertad, en leyes nacionales y provinciales. En Argentina cobra importancia la Ley 24.660 de ejecución de la pena privativa de la libertad y la Ley Federal de Educación. Complementa dicho basamento la Declaración de la 5° Conferencia Internacional de Educación de las Personas Adultas, en la que se incluyen recomendaciones al respecto.
En el Capítulo 8 de la Ley 24.660 se reconoce a la educación como derecho, afirmando en el art. 134 que “La educación será preponderantemente formativa, procurando que el interno comprenda sus deberes y las normas que regulan la convivencia en sociedad.”
En la Ley Federal de Educación Nº 24.195, Capitulo VII. Regímenes especiales, el artículo 30 inciso c se refiere a este punto al mencionar, entre los objetivos de la educación de adultos: “Brindar la posibilidad de acceder a servicios educativos en los distintos niveles del sistema a las personas que se encuentren privadas de libertad en establecimientos carcelarios, servicios que serán supervisados por las autoridades educativas correspondientes”.
En la Declaración de la 5° Conferencia Internacional de Educación de las Personas Adultas (1997), los países participantes se comprometieron a “Reconocer el derecho de todas las personas encarceladas a aprender: a) proporcionando a todos los presos información sobre los diferentes niveles de enseñanza y formación y acceso a los mismos; b) elaborando y aplicando en las cárceles programas de educación general con la participación de los presos a fin de dar respuesta a sus necesidades y a sus aspiraciones en materia de aprendizaje, c) haciendo más fácil que las organizaciones no gubernamentales, los profesores y otros responsables de actividades educativas trabajen en las cárceles, posibilitando así el acceso de las personas encarceladas a los establecimientos docentes y fomentando iniciativas para relacionar los cursos seguidos en las cárceles con los que tienen lugar fuera de ellas.”
La normativa y las recomendaciones mencionadas enfatizan la idea de educación como derecho si bien en la Ley de Ejecución de pena privativa de la libertad está presente también la arista de obligación al estar enmarcada en el tratamiento. Derecho social que, según Scarfó (2004), hace a la condición del ser humano, de modo que quien no reciba o no haga uso de este derecho, pierde la oportunidad de pertenecer a la sociedad, de participar de manera real y de constituirse en un ciudadano activo..
Amparados en el enfoque de la educación como derecho, en el PUC las actividades educativas se desarrollan a través de dos propuestas: formación en carreras de grado y participación en cursos, talleres, seminarios, etc. de extensión .que suponen propósitos, encuadres, tiempos y exigencias diferentes en función de su especificidad.
Sentidos de la educación en el contexto carcelario.
En este apartado se analiza las significaciones atribuida a la educación tanto por los presos entrevistados como por el personal del Servicio Penitenciario que participó de una jornada de devolución sobre los resultados preliminares de la investigación.
La educación es significada por los alumnos entrevistados como: desarrollo personal, socialización, instrucción y corrección. Tales categorías, expresadas desde su perspectiva, remiten a las principales conceptualizaciones sobre la educación en tanto transmisión de la cultura y los valores de una sociedad, respecto de las funciones de socialización, regulación y control y también al desarrollo de nuevas potencialidades, progreso y mejoramiento a las que hace referencia Furlán.(1994)
El desarrollo personal alude a “maduración”, “mejoramiento personal” y “expresión de la persona” mientras que socialización refiere a “medio de relación con otros”, “contacto social”, “medio de integración social que atenúa la discriminación”.
Por corrección hacen referencia a “reglas de urbanidad” que regulan la convivencia, como así también a comportamientos menos violentos, “civilizados”, asociados a la capacidad de diálogo y al uso de la palabra en lugar de la acción.
Instrucción refiere a la incorporación de conocimientos de diferentes campos disciplinares que forman parte del acervo cultural de la humanidad y el enriquecimiento que ello supone.
Algunos entrevistados enfatizan el carácter crítico de la educación, aludiendo a la función de develar, desocultar, ver más allá de las apariencias, que es central en la teoría crítica de la educación.
Muchos hacen referencia al significado que la educación adquiere en el contexto particular de la prisión y que guarda cierta relación con algunas de las motivaciones que los movilizaron a incorporarse al Programa: “medio de sobrevivencia”, de “hacer frente a la alienación que provoca la institución”, de “encontrar una salida al encierro”, en cuyo contexto adquiere incluso el carácter de “salvación“.
Las ideas antes señaladas sobre la educación se corresponden con los cambios que los entrevistados identifican en sí mimos a partir de su incorporación al Programa y a los aprendizajes efectuados en ambas instancias: carrera de grado y actividades de extensión:
- cambio en las relaciones con los otros, lo que supone objetivarlas o actuar con superiores y compañeros de una manera distinta a como lo habían hecho anteriormente.
- ligado a lo anterior, medir las consecuencias de sus acciones y autocontrolarse, estrechamente relacionado con la predominancia de la palabra antes que la acción.
- ampliación del lenguaje e incorporación de nuevas formas de expresión paralelamente a la ampliación del círculo de relaciones sociales, lo que se constituye a su vez en factor de diferenciación social respecto de otros compañeros.
- cambio en los esquemas de pensamiento y acción, en alusión a nuevas formas de analizar a los otros y las relaciones sociales, incorporación de perspectivas antes desconocidas y visualización de un horizonte más amplio en el que se distinguen caminos alternativos.
En relación con algunos de estos puntos, el personal del Área Educación y profesionales del SPC manifiesta que la educación en general, sin distinción de niveles, contribuye a que se produzca un cambio en la imagen con la que lo presos se visualizan a sí mismos y a sus compañeros, expresado en lo siguiente: “Es increíble los efectos que se producen en ellos (los internos)”; “…en cuanto a ser sujetos de derechos, ellos lo dicen a eso y en relación a los agentes externos, lo que más quieren es cambiar esa imagen de ser presos; y justamente esto de pertenecer al PUC, es un camino hacia esa diferencia, ellos quieren redefinir esa imagen que la sociedad tienen de ellos”. Según la perspectiva de estos actores, la educación funcionaría, de alguna manera, para contrarrestar la pena (así como también sus antecedentes) como marca que los distingue.
En relación con la educación como instancia que propicia el diálogo y el uso de la palabra para resolver situaciones en las que antes primaba la acción cobran valor algunas de sus expresiones: “…voy a contar una anécdota, el otro día paso por la cocina y un interno me dijo: mire ya no tengo más los brazos cortados (señalándose las muñecas) y ahora hablo bien…”; “…y aparte aprenden a resolver las situaciones de otro modo”.
En canto a la ampliación del lenguaje e incorporación de nuevas formas de expresión que trae aparejada la educación, destacan lo siguiente: “el encierro los limita a los símbolos, las señalizaciones, a lo corporal, etc…y ahora hacen otro tipo de lectura de todo lo que ven…otro tratamiento simbólico. Se empiezan a dar cuenta que no les alcanzan 10 o 20 palabras para significar todo, para nombrar todo…”; “…el diccionario acá es como la Biblia…enseguida te preguntan cómo se escribe tal palabra y van a buscarla al diccionario…se les abre todo otro mundo”
Reflexiones finales.
Lo más importante a destacar a partir del desarrollo precedente es la convergencia de miradas de las que son portadores los alumnos entrevistados y el personal del SPC que participó de la instancia de devolución de la información acerca del valor de la educación en el contexto singular de la cárcel. Muchas de ellas remiten al orden de la “humanización” al que hacemos referencia al comienzo, además de los otros significados ya mencionados.
Asimismo, la manera en que hemos podido resignificar el carácter de “espacios de libertad” atribuidos a las a las prácticas educativas en cárceles, desde la perspectiva de los presos.
Al analizar los soportes discursivos empleados por los entrevistados, nos resultó sumamente sugerente la expresión reiterada y unánimemente utilizada “salir” a estudiar..
¿A que remite el término salir? Las precisiones efectuadas por los presos en la jornada de retroalimentación nos permitieron comprender que condensa diferentes significados.
En primer lugar, es una expresión que se hace extensiva a otras actividades en tanto “…el salir… es correlativo a todas las palabras: salir al patio, a comer, etc, no solo estudiar, acá decimos así siempre…”. Ello implica que “se sale de un ambiente a otro”, de un lugar en el que se vive a otro distinto ya que “…el pabellón es como el barrio…” aunque ello no signifique trasponer las rejas y los muros que lo separan del exterior.
Además y en un nivel más profundo, el salir se convierte en una necesidad que les permita alejarse momentáneamente del “encierro”, más aún del “infierno” como caracteriza uno de ellos a la prisión, desprenderse de las sujeción de que son objeto y, simplemente “…buscar algo mejor…”.
Aunque también vale reconocer, como varios de ellos lo admiten, que si bien “salir”, en el sentido de cambiar de lugar físico se torna imperioso y tanto vale asistir a actividades educativas, recreativas, laborales o religiosas, en un primer momento, el contacto sistemático con el conocimiento proporciona otras “libertades” tales como lograr mayor comprensión de sí mismos y de la realidad, ampliar los horizontes simbólicos, vislumbrar alternativas ante impensables.
Bibliografía.
- Acín, A.; Brocca, M.; Correa, A.; Mercado, P. “Prácticas en Educación Superior en el contexto carcelario. El Programa Universitario en la Cárcel”. Ponencia presentada en el III Encuentro Educativo de docentes de EGBA con sede en cárceles del Mercosur, organizado por el Grupo de Estudio sobre Educación en Cárceles y la Comisión Universitaria sobre Educación Pública en las Cárceles de la Universidad Nacional de La Plata, realizado el 27-10-05 en La Plata.
-
Furlán, Alfredo (1994). Memoria, potencial de construcción, apuesta. México. Mimeo.
___________________ Universidad, nostalgia y esperanza. México. Mimeo.
- Garay, Lucía (2000). Algunos conceptos para analizar instituciones educativas. Cuaderno de Posgrado. Córdoba.
- Goffman, Erving (1988). Internados. Ensayo sobre la situación social de los enfermos mentales. Amorrortu Editores. Buenos Aires.
- Friggerio, Graciela (Comp.) (2002). Educar: Rasgos filosóficos para una identidad. Editorial Santillana.
- Nuñez, Violeta (1999). Cartas para navegar en el nuevo milenio. Editorial Santillana.
- Scarfó, Franciso (2004). El derecho a la educación en las cárceles en Cuaderno Negro. Revista sobre la cárcel y la filosofía del castigo. Publicación de la Procuración Penitenciaria. Buenos Aires.
[1] El Programa Universitario en la Cárcel es la propuesta de formación de grado, investigación y extensión que la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Nacional de Córdoba ofrece a las personas procesadas y condenadas alojadas en los establecimientos penitenciarios de la provincia de Córdoba, que se desarrolla en articulación con el Servicio Penitenciario Córdoba (SPC).
[2] El mencionado proyecto, con sede en el Centro de Investigaciones de la Facultad de Filosofía y Humanidades, se desarrolló durante 2005, bajo mi dirección y la co-dirección de la Lic. Ana Correa. Participaron como investigadoras Patricia Mercado y Magdalena Brocca y como ayudantes alumnos Francisco Abril y Luciana Barrios.
Sobre los sentidos de la educación para las personas privadas de libertad. Un análisis desde el Programa Universitario en la Cárcel
Alicia Acin
Introducción.
A través de esta ponencia nos proponemos reflexionar sobre el valor que diferentes actores -alumnos presos y personal profesional y del Area Educación del Servicio Penitenciario- le adjudican a la educación en contextos de reclusión.
La misma es producto de conjeturas elaboradas durante varios años de acompañamiento al Programa Universitario en la Cárcel [1], enriquecidas por algunos resultados iniciales del proyecto de investigación “Las motivaciones de los alumnos privados de libertad en las estrategias educativas del PUC” [2]
Las conjeturas aludidas se relacionan con ciertos atributos que, con frecuencia, se les asigna a las prácticas educativas en cárceles: el carácter de “humanización” -en contraposición a la despersonalización y degradación de la condición humana que generan las instituciones totales- (Siccardi, 2004), como así también de “espacios de libertad”, aún en el contexto de encierro y privación de la libertad que éstas suponen.
La mencionada investigación se propuso indagar sobre los sentidos que adquiere la educación para los sujetos privados de libertad, las motivaciones para el ingreso y la permanencia en los estudios superiores o actividades de extensión, las trayectorias educativas de los alumnos y su incidencia en las motivaciones al aprendizaje y las satisfacciones que encuentran en este proceso.
Metodológicamente se trabajó en base a entrevistas semiestructuradas, aplicadas a una muestra intencional de alumnos inscriptos en carreras de grado y en actividades de extensión, previa revisión de documentación institucional (actas de la Comisión Mixta de apoyo al PUC, registros del taller espacio universitario, registros de jornadas con estudiantes del año 2004y memorias anuales del PUC) que aportó información complementaria de interés.
Recuperamos también los comentarios, aclaraciones y precisiones que surgieron en dos jornadas de devolución realizadas con alumnos y con personal del Area Educación y profesionales del Servicio Penitenciario, respectivamente, que permitieron comprender más acabadamente lo planteado en las entrevistas.
La presentación se organiza en tres apartados: algunas referencias a la normativa legal sobre la educación en cárceles, la significación atribuida a la educación por los dos actores mencionados y unos breves párrafos finales de reflexión sobre los supuestos de humanización y de espacios de libertad que se les confiere a las prácticas educativas en contextos de reclusión.
Acerca de la educación en cárceles.
La educación en cárceles encuentra su basamento legal en un conjunto de instrumentos legales internacionales sobre Derechos Humanos que intentan garantizar mejores condiciones de detención a las personas privadas de libertad, en leyes nacionales y provinciales. En Argentina cobra importancia la Ley 24.660 de ejecución de la pena privativa de la libertad y la Ley Federal de Educación. Complementa dicho basamento la Declaración de la 5° Conferencia Internacional de Educación de las Personas Adultas, en la que se incluyen recomendaciones al respecto.
En el Capítulo 8 de la Ley 24.660 se reconoce a la educación como derecho, afirmando en el art. 134 que “La educación será preponderantemente formativa, procurando que el interno comprenda sus deberes y las normas que regulan la convivencia en sociedad.”
En la Ley Federal de Educación Nº 24.195, Capitulo VII. Regímenes especiales, el artículo 30 inciso c se refiere a este punto al mencionar, entre los objetivos de la educación de adultos: “Brindar la posibilidad de acceder a servicios educativos en los distintos niveles del sistema a las personas que se encuentren privadas de libertad en establecimientos carcelarios, servicios que serán supervisados por las autoridades educativas correspondientes”.
En la Declaración de la 5° Conferencia Internacional de Educación de las Personas Adultas (1997), los países participantes se comprometieron a “Reconocer el derecho de todas las personas encarceladas a aprender: a) proporcionando a todos los presos información sobre los diferentes niveles de enseñanza y formación y acceso a los mismos; b) elaborando y aplicando en las cárceles programas de educación general con la participación de los presos a fin de dar respuesta a sus necesidades y a sus aspiraciones en materia de aprendizaje, c) haciendo más fácil que las organizaciones no gubernamentales, los profesores y otros responsables de actividades educativas trabajen en las cárceles, posibilitando así el acceso de las personas encarceladas a los establecimientos docentes y fomentando iniciativas para relacionar los cursos seguidos en las cárceles con los que tienen lugar fuera de ellas.”
La normativa y las recomendaciones mencionadas enfatizan la idea de educación como derecho si bien en la Ley de Ejecución de pena privativa de la libertad está presente también la arista de obligación al estar enmarcada en el tratamiento. Derecho social que, según Scarfó (2004), hace a la condición del ser humano, de modo que quien no reciba o no haga uso de este derecho, pierde la oportunidad de pertenecer a la sociedad, de participar de manera real y de constituirse en un ciudadano activo..
Amparados en el enfoque de la educación como derecho, en el PUC las actividades educativas se desarrollan a través de dos propuestas: formación en carreras de grado y participación en cursos, talleres, seminarios, etc. de extensión .que suponen propósitos, encuadres, tiempos y exigencias diferentes en función de su especificidad.
Sentidos de la educación en el contexto carcelario.
En este apartado se analiza las significaciones atribuida a la educación tanto por los presos entrevistados como por el personal del Servicio Penitenciario que participó de una jornada de devolución sobre los resultados preliminares de la investigación.
La educación es significada por los alumnos entrevistados como: desarrollo personal, socialización, instrucción y corrección. Tales categorías, expresadas desde su perspectiva, remiten a las principales conceptualizaciones sobre la educación en tanto transmisión de la cultura y los valores de una sociedad, respecto de las funciones de socialización, regulación y control y también al desarrollo de nuevas potencialidades, progreso y mejoramiento a las que hace referencia Furlán.(1994)
El desarrollo personal alude a “maduración”, “mejoramiento personal” y “expresión de la persona” mientras que socialización refiere a “medio de relación con otros”, “contacto social”, “medio de integración social que atenúa la discriminación”.
Por corrección hacen referencia a “reglas de urbanidad” que regulan la convivencia, como así también a comportamientos menos violentos, “civilizados”, asociados a la capacidad de diálogo y al uso de la palabra en lugar de la acción.
Instrucción refiere a la incorporación de conocimientos de diferentes campos disciplinares que forman parte del acervo cultural de la humanidad y el enriquecimiento que ello supone.
Algunos entrevistados enfatizan el carácter crítico de la educación, aludiendo a la función de develar, desocultar, ver más allá de las apariencias, que es central en la teoría crítica de la educación.
Muchos hacen referencia al significado que la educación adquiere en el contexto particular de la prisión y que guarda cierta relación con algunas de las motivaciones que los movilizaron a incorporarse al Programa: “medio de sobrevivencia”, de “hacer frente a la alienación que provoca la institución”, de “encontrar una salida al encierro”, en cuyo contexto adquiere incluso el carácter de “salvación“.
Las ideas antes señaladas sobre la educación se corresponden con los cambios que los entrevistados identifican en sí mimos a partir de su incorporación al Programa y a los aprendizajes efectuados en ambas instancias: carrera de grado y actividades de extensión:
- cambio en las relaciones con los otros, lo que supone objetivarlas o actuar con superiores y compañeros de una manera distinta a como lo habían hecho anteriormente.
- ligado a lo anterior, medir las consecuencias de sus acciones y autocontrolarse, estrechamente relacionado con la predominancia de la palabra antes que la acción.
- ampliación del lenguaje e incorporación de nuevas formas de expresión paralelamente a la ampliación del círculo de relaciones sociales, lo que se constituye a su vez en factor de diferenciación social respecto de otros compañeros.
- cambio en los esquemas de pensamiento y acción, en alusión a nuevas formas de analizar a los otros y las relaciones sociales, incorporación de perspectivas antes desconocidas y visualización de un horizonte más amplio en el que se distinguen caminos alternativos.
En relación con algunos de estos puntos, el personal del Área Educación y profesionales del SPC manifiesta que la educación en general, sin distinción de niveles, contribuye a que se produzca un cambio en la imagen con la que lo presos se visualizan a sí mismos y a sus compañeros, expresado en lo siguiente: “Es increíble los efectos que se producen en ellos (los internos)”; “…en cuanto a ser sujetos de derechos, ellos lo dicen a eso y en relación a los agentes externos, lo que más quieren es cambiar esa imagen de ser presos; y justamente esto de pertenecer al PUC, es un camino hacia esa diferencia, ellos quieren redefinir esa imagen que la sociedad tienen de ellos”. Según la perspectiva de estos actores, la educación funcionaría, de alguna manera, para contrarrestar la pena (así como también sus antecedentes) como marca que los distingue.
En relación con la educación como instancia que propicia el diálogo y el uso de la palabra para resolver situaciones en las que antes primaba la acción cobran valor algunas de sus expresiones: “…voy a contar una anécdota, el otro día paso por la cocina y un interno me dijo: mire ya no tengo más los brazos cortados (señalándose las muñecas) y ahora hablo bien…”; “…y aparte aprenden a resolver las situaciones de otro modo”.
En canto a la ampliación del lenguaje e incorporación de nuevas formas de expresión que trae aparejada la educación, destacan lo siguiente: “el encierro los limita a los símbolos, las señalizaciones, a lo corporal, etc…y ahora hacen otro tipo de lectura de todo lo que ven…otro tratamiento simbólico. Se empiezan a dar cuenta que no les alcanzan 10 o 20 palabras para significar todo, para nombrar todo…”; “…el diccionario acá es como la Biblia…enseguida te preguntan cómo se escribe tal palabra y van a buscarla al diccionario…se les abre todo otro mundo”
Reflexiones finales.
Lo más importante a destacar a partir del desarrollo precedente es la convergencia de miradas de las que son portadores los alumnos entrevistados y el personal del SPC que participó de la instancia de devolución de la información acerca del valor de la educación en el contexto singular de la cárcel. Muchas de ellas remiten al orden de la “humanización” al que hacemos referencia al comienzo, además de los otros significados ya mencionados.
Asimismo, la manera en que hemos podido resignificar el carácter de “espacios de libertad” atribuidos a las a las prácticas educativas en cárceles, desde la perspectiva de los presos.
Al analizar los soportes discursivos empleados por los entrevistados, nos resultó sumamente sugerente la expresión reiterada y unánimemente utilizada “salir” a estudiar..
¿A que remite el término salir? Las precisiones efectuadas por los presos en la jornada de retroalimentación nos permitieron comprender que condensa diferentes significados.
En primer lugar, es una expresión que se hace extensiva a otras actividades en tanto “…el salir… es correlativo a todas las palabras: salir al patio, a comer, etc, no solo estudiar, acá decimos así siempre…”. Ello implica que “se sale de un ambiente a otro”, de un lugar en el que se vive a otro distinto ya que “…el pabellón es como el barrio…” aunque ello no signifique trasponer las rejas y los muros que lo separan del exterior.
Además y en un nivel más profundo, el salir se convierte en una necesidad que les permita alejarse momentáneamente del “encierro”, más aún del “infierno” como caracteriza uno de ellos a la prisión, desprenderse de las sujeción de que son objeto y, simplemente “…buscar algo mejor…”.
Aunque también vale reconocer, como varios de ellos lo admiten, que si bien “salir”, en el sentido de cambiar de lugar físico se torna imperioso y tanto vale asistir a actividades educativas, recreativas, laborales o religiosas, en un primer momento, el contacto sistemático con el conocimiento proporciona otras “libertades” tales como lograr mayor comprensión de sí mismos y de la realidad, ampliar los horizontes simbólicos, vislumbrar alternativas ante impensables.
Bibliografía.
- Acín, A.; Brocca, M.; Correa, A.; Mercado, P. “Prácticas en Educación Superior en el contexto carcelario. El Programa Universitario en la Cárcel”. Ponencia presentada en el III Encuentro Educativo de docentes de EGBA con sede en cárceles del Mercosur, organizado por el Grupo de Estudio sobre Educación en Cárceles y la Comisión Universitaria sobre Educación Pública en las Cárceles de la Universidad Nacional de La Plata, realizado el 27-10-05 en La Plata.
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Furlán, Alfredo (1994). Memoria, potencial de construcción, apuesta. México. Mimeo.
___________________ Universidad, nostalgia y esperanza. México. Mimeo.
- Garay, Lucía (2000). Algunos conceptos para analizar instituciones educativas. Cuaderno de Posgrado. Córdoba.
- Goffman, Erving (1988). Internados. Ensayo sobre la situación social de los enfermos mentales. Amorrortu Editores. Buenos Aires.
- Friggerio, Graciela (Comp.) (2002). Educar: Rasgos filosóficos para una identidad. Editorial Santillana.
- Nuñez, Violeta (1999). Cartas para navegar en el nuevo milenio. Editorial Santillana.
- Scarfó, Franciso (2004). El derecho a la educación en las cárceles en Cuaderno Negro. Revista sobre la cárcel y la filosofía del castigo. Publicación de la Procuración Penitenciaria. Buenos Aires.
[1] El Programa Universitario en la Cárcel es la propuesta de formación de grado, investigación y extensión que la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Nacional de Córdoba ofrece a las personas procesadas y condenadas alojadas en los establecimientos penitenciarios de la provincia de Córdoba, que se desarrolla en articulación con el Servicio Penitenciario Córdoba (SPC).
[2] El mencionado proyecto, con sede en el Centro de Investigaciones de la Facultad de Filosofía y Humanidades, se desarrolló durante 2005, bajo mi dirección y la co-dirección de la Lic. Ana Correa. Participaron como investigadoras Patricia Mercado y Magdalena Brocca y como ayudantes alumnos Francisco Abril y Luciana Barrios.
Libertad para opinar,parece que no hay
Mi opinión fue borrada de este sitio.
Pero ya en Bs As,saben que el Congreso de Mayo realizado en La Falda ,terminó siendo para no más de 22 personas.
Reconocer los inconvenientes y disculparse ante ello,recibir críticas constructivas,es bueno.Nos ayuda a ser “mejor”